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jueves, 17 de junio de 2010

César Yauri Huanay

UN PINTOR CONSAGRADO
César Yauri Huanay nace en el cercano y hermoso distrito de Ahuaycha hace 33 años. Ahuaycha, que en Quechua significa "Tejido pequeño" está en la ruta de la antigua carretera que va a Huancayo. Chalampampa Purhuay, Ahuaycha, Acraquia, Santa Rosa, son algunos de los importantes puntos de este tejido vital. Ahuaycha es tierra de Danzantes de Tijeras y de pintores. De estos mismos lares es la familia Camac, familia de artistas.

Cuando indagamos por el origen de su arte, César Yauri algo melancólico recuerda la lejana tarde de febrero, caminado bajo una llovizna tierna, de regreso a su casa después de haber cojido guindas en las chacras de Ahuaycha. A lo lejos, la música de un Huayno se extendia como una vibración alegre y maternal. Fue allí, en esos sentidos momentos que Yauri decide hacerse pintor. El Hermoso recuerdo de esa tarde de lluvia y música siempre lo acompaña a Yauri a manera de númen, agua bautismal y manantial de información.

Después de terminar sus estudios en Pampas y alentado por su profesor de arte, Julio Camac (Chipchi), Yauri llega a Lima deseoso de ingresar a la Escuela de Bellas Artes del Perú, que había fundado su paisano Daniel Hernández.

En las calles limeñas pregunta al azar por la Escuela y nadie le da razón. Un día domingo caminando por la Colmena, por donde se exhiben cuadros "Para turistas" le orietan, le dan la dirección, emocionado frente al local sueña estudiar ahí. Al siguiente día, Lunes regresa ilusionado y averigua requisitos. Se prepara con ahínco e ingresa "Mi emoción no Tuve con quien compartirla" nos dice. "Caminé por las calles solo, no sé cuanto tiempo".

En 1989 egresa de la Escuela Nacional Autónoma de Bellas Artes del Perú con el Primer premio. Ha expuesto en varias Colectivas. Su primera Individual fue en 1991 en la Galeria Vargas de Camino Real de San Isidro y su Segunda Individual en 1992 en la Galería L'Imaginaire de la Alianza Francesa de Miraflores.

La pintura de Yauri reinvidica a su estirpe en lo más representativo de sus costumbres festivas y mágico religiosas. En sus óleos trabajados con singular textura están los precisos rasgos que se depositan en nuestro espíritu. Los personajes de su infancia ha ido tomando el calor y el color del tiempo. El ritual de la Danza, la sombra desdoblada del bailarín, el dejo triste de una máscara, la insinuación de un cuerpo como una luz dibujando, esa sensación de lluvia tenue que lo deja, la lastimera música fueron aparaciendo en el fervor de su pintura como una necesidad de urgente respuesta a la eterna interrogante de la vida diaria, de lo que somos y para que estamos juntos con nuestros semejantes.

ANTONIO MUÑOZ MONGE. Lima, Junio de 1995

Carlos Zúñiga Segura

NUESTROS ESCRITORES TAYACAJINOS

En el vasto reino de la literatura de Tayacaja, la presencia de escritores de distinta generación viene a constituirse en una permanente palpitación vital del hombre enhebrado en el resplandor mágico de nuestra tierra. Así lo venimos señalando en Cielo de fiesta en Tayacaja y en Literatura de Tayacaja que congrega signos y aromas en cuento, ensayo y poesía.

Esta virtual tradición literaria se funda desde el ayllu jamutay que es la hechura de la palabra al calor de la tullpa desde la sabiduría familiar, donde los kenkos (metáforas), watuchis (adivinanzas), willanakuy (cuentos), yachanakuy (consejas) y hahuachicuy simi (fábulas) florecen con galanura en Tayacaja.

Estos postales están consagrados a destacar algunos libros de autores nacidos en nuestra tierra.

Odón Cabezas Tovar nació en Paucarbamba, es profesor en la especialidad de Lengua y Literatura y editor de la revista “Paucar”. En setiembre del año 2000 publica Señor Wamani (Cuentos folklóricos) en cuyas páginas relata vivencias sucedidas en “las noches lóbregas de tupida neblina o frías noches de estrellado cielo, a veces bajo la pálida luna, antes que las aladas manos del sueño pose en las pupilas”. Su palabra viva cubre intensa travesía al relatarnos sobre El zorro y el jumento, La suegra de la perdiz, El Qarqacho, El Manchachicu, Señor Wamani, El Pisthaco y Los mineros donde nos cuenta: “Durante los años de permanencia en las aulas del Colegio Nacional San Pedro de Tayacaja” hoy Daniel Hernández, nunca recibí visita alguna (...) Esta soledad se debía a que yo era forastero, procedente de un lejano y olvidado distrito al cual se llegaba cruzando agrestes punas a lomo de bestia”.

Jesús Rafael Gutarra Luján es un autor consagrado, autor de los libros La Amilda está en el cielo; Tiempo de fuego y alegría, La muchacha de la sonrisa más bella del mundo. Sus relatos tienen por escenario nuestra tierra tayacajina, donde el autor vivió los años de su infancia y juventud para luego emigrar a Lima y Piura donde paralelo a su labor profesional cumple activa labor cultural. Gutarra nos dice en El Supay que nos ganó la alegría: “ Me acuerdo que fue miércoles que el Juancho Quillincho apareció tirado bocabajo, oliendo a pólvora y huevos podridos y con su corazón en la mano. Es el supay, comentaban, ha vuelto a vengarse. Y así fue. Un domingo al mediodía se apareció echando fuego y después de matar a quien quería, nos dijo: ustedes no tienen ojos ni oídos ni lenguas. Y nos fuimos quedando ciegos, sordos y mudos. Poquito a poco la gente fue desapareciendo de Mollepata”.

Juana Abad Rodríguez tiene la capacidad de adentrarse en las nervaduras de la literatura oral, es decir, en los mitos, leyendas y cuentos que eslabonan lo real maravilloso. Tiene en calidad de inédito un libro de relatos y en esos estadíos interiores nuestra escritora sabe y siente que su palabra es el fuego de la pasión creadora presente en Los Runamicujs, El alma condenada, Chalam David, El jarjaria de Rayan, El condenado de Mitupata. y en Nostalgias donde nos cuenta: “Viajar de Luichu a San Lorenzo en noches de luna deslumbrante, ante la cordillera occidental toda azul y tan imponente que tiene la sutileza de hacernos sentir diminutos ante Dios y gigantes ante la vida; mientras se sube la cuesta percibiendo a flor de piel la tierra cálida y una brisa refrescante, se siente en la soledad del paraje la compañía del rumor cantarín del Mantaro y la alegrías de saludarse al cruzar en el camino con los de Quintao y Jatuspata”.

Mesías Arias Segovia es un valioso escritor nacido en Tocas. En setiembre de 1995 publicó el libro Hombres del Perú profundo (Los Amarus) cuya lectura nos cautiva desde sus páginas iniciales hasta adentrarnos “en la soledad de las noches” y cantar “canciones con una música y voz divinas” o prometer a los cuatro vientos que “Iré con mi vaquita tras los viajeros que van a Pampas. Si me quitan a mi negrita saltaré al barranco. Prefiero morir”. Yaycupacuy, El forzudo y el diablo, Eusebio el peleador, El brujo invitando a la reunión de ancianos, El cura y la Mula; y, Benita la lunareja son algunos de los relatos que Arias asume con la palabra fresca de su Tocas de belleza indescriptible.

Como los escritores “somos vientos del pueblo, nacidos para pasar soplando a través de sus poros y conducir sus ojos y sus sentimientos hacia las cumbres más hermosas” en las próximas Postales de Tayacaja seguiremos aproximándonos a la creación literaria de nuestros escritores.

Maxk R. Cox


EL CUENTO PERUANO EN LOS AÑOS DE VIOLENCIA

Abimael Guzmán, Edith Lagos, Osmán Morote, Víctor Polay, Néstor Cerpa, y «Feliciano»; el ataque y liberación de la cárcel de Ayacucho, la masacre de ocho periodistas en Uchuraccay, la matanza de reclusos subversivos en las cárceles de Lurigancho y El Frontón, la fuga de emerretistas del penal de Canto Grande, los paros armados, los juicios populares, las rondas campesinas, la desaparición de nueve estudiantes y un profesor de la Universidad de la Cantuta, los coches bomba como el de la calle Tarata, la captura de Abimael Guzmán y la toma de rehenes en la residencia del embajador japonés y su posterior liberación por comandos del Ejército. Estos son personajes y acontecimientos que han marcado una época de violencia política que ningún peruano puede olvidar.

Aunque la existencia de Sendero Luminoso se conoció en 1980 y del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru en 1984, un análisis desde la perspectiva de la narrativa ficticia tarda unos años. A partir de 1986 comienzan a aparecer las primeras obras publicadas sobre la violencia política en el Perú: desde entonces, más de sesenta escritores han publicado más de cien cuentos y treinta novelas sobre el tema. La presente antología es un esfuerzo por mostrar parte del material publicado hasta la fecha sobre la violencia política. Muchos de estos escritores forman también parte de un «boom» en la narrativa andina, que comienza en la década del ochenta. Este «boom» fue ayudado en gran medida por la demanda de un público lector, la labor de casas editoriales, concursos literarios que les confieren consagración a escritores galardonados, y escritores jóvenes que se enfocan en la región andina.

Una razón para este «boom» en la narrativa andina es un público lector con interés en el tema de la violencia política. En un estudio acerca de la narrativa indigenista, Efraín Kristal opina que una razón principal para el éxito de la narrativa indigenista ha sido la curiosidad acerca de la sierra por lectores en las ciudades. Conjetura que por causa de las migraciones masivas a los centros urbanos, disminuye el interés y el misterio asociados con las personas de la sierra debido a su cercanía (p. 58).1 Sin embargo, con la violencia en los años ochenta y noventa aumenta el interés por lo que acontece en la sierra.

Donde existe demanda, necesariamente se crea una oferta. Es así como Lluvia Editores se ha destacado entre las casas editoriales en sus esfuerzos por promover, publicar y distribuir obras narrativas sobre la región andina. En cuanto a la violencia política, ha publicado por lo menos una obra con dicha temática de alrededor de veinte por ciento de los escritores que se han atrevido a tocar el tema. Otras casas editoriales que han tenido una presencia en los años ochenta, con tres o cuatro libros publicados por cada una, son Colmillo Blanco, la Municipalidad del Cusco y Mosca Azul. Una cosa que llama la atención es la ausencia de muchas de las casas editoriales de mayor consagración y recursos, habiendo asumido esta labor las casas editoriales pequeñas y las autoediciones.

Intervenir en los concursos literarios es una de las maneras principales para que los escritores, —especialmente los jóvenes que comienzan sus carreras— puedan ganar más consagración en el campo de la producción cultural. Desde los años ochenta los dos concursos principales de narrativa han sido el concurso bienal Premio Copé de Cuento, patrocinado por Petroperú desde 1979, y el concurso anual «El cuento de las mil palabras», auspiciado por la revista Caretas desde 1982. Cinco de los cuentos premiados en el concurso Copé han abordado el tema de la violencia política. Dos ganaron el segundo premio: «Ñakay Pacha (El tiempo del dolor)» (1987) de Dante Castro Arrasco, y «El canto del tuco» (1994) de Jaime Pantigozo Montes. Finalistas fueron Enrique Rosas Paravicino con «Al filo del rayo» (1985), Walter Ventosilla con «Trampa tendida» (1992), y Zein Zorrilla con «Castrando al buey» (1985). Dos de los cinco cuentos premiados sobre la violencia política en el concurso «El cuento de las mil palabras» incluyen «Hacia el Janaq Pacha» (tercer lugar en 1987) de Óscar Colchado Lucio, y «En la quebrada» (1987) de Walter Ventosilla.

Mirando las obras publicadas sobre la violencia política entre 1986 y 1989, se aprecian los importantes papeles jugados por estos dos concursos literarios, por Lluvia Editores, y por las casas editoriales pequeñas. En estos años, Caretas publica cuatro cuentos, el Premio Copé tres, y Lluvia Editores seis colecciones de cuentos, las cuales contienen diez cuentos sobre la violencia política. Los otros libros publicados en estos años corresponden a casas editoriales pequeñas o imprentas particulares, con la excepción de un libro editado por Mosca Azul. Desde 1986 hasta la fecha, sólo Colmillo Blanco, la Editorial San Marcos, Lluvia Editores, Mosca Azul y la Municipalidad del Cusco han publicado tres libros o más sobre el tema. Con la excepción de las casas editoriales mencionadas arriba, la mayoría de los escritores con obras sobre la violencia política han tenido que recurrir a pequeñas casas editoriales o hacerlas mediante la autoedición.
¿Quiénes son estos escritores? Un artículo del autor
2 analiza a los escritores que han publicado un cuento o más sobre la violencia política, y es evidente que la violencia política constituye un elemento que define e identifica a una generación de escritores. Con excepciones notables, los escritores más jóvenes, nacidos después de la Segunda Guerra Mundial, son quienes primero tratan el tema de la violencia política en su producción narrativa. La edad promedio de estos escritores en 1980, al comienzo de la guerra, era de 29 años, y el promedio cuando publicaron una primera obra sobre la violencia política era de 39 años. También se nota la ausencia de un gran número de escritores mayores y ya consagrados que aún no han publicado nada sobre el tema. La presente antología refleja la generación que más ha publicado sobre el tema: escritores nacidos entre 1944 y 1961. Estos escritores constituyen el 34% de todos los escritores que han publicado ficción narrativa sobre la violencia política, publicando 48% de los cuentos y 29% de las novelas.

Al analizar la producción narrativa según el origen geográfico del escritor, se puede llegar a la conclusión que los del sur y del centro del país han dedicado más de su producción narrativa a la violencia política que los del norte o los de Lima y el Callao. Por eso la presente antología tiene menos escritores limeños y más escritores de provincias. Éstos son los que, hasta el momento, se han preocupado más por la violencia política como tema literario. Del norte, donde hubo menos presencia de la violencia —y, quizá por eso, hay menos escritores que han publicado sobre el tema— es el cajamarquino Alfredo Pita. De Lima y el Callao incluimos a Dante Castro, Pilar Dughi, José de Piérola, y Walter Ventosilla. Del centro incluimos a cuatro escritores: Óscar Colchado Lucio de Ancash, Julián Pérez y Sócrates Zuzunaga Huaita de Ayacucho, y Zein Zorrilla de Huancavelica. Del sur están los cusqueños Mario Guevara Paredes, Luis Nieto Degregori, Juan Alberto Osorio, Jaime Pantigozo Montes, y Enrique Rosas Paravicino, y el puneño Feliciano Padilla Chalco.

La presente antología es un primer paso para dar cuenta de la admirable cantidad y calidad de ficción narrativa que sobre la época de la violencia política se ha publicado hasta el año 2000. Una época clave para una generación. Quizá será lo que une a una generación en su interpretación de su historia contemporánea, como la guerra de 1898 en España, la Revolución Mexicana y la Revolución Cubana han dejado sus huellas en las culturas de sus respectivos países. Afortunadamente, hay muchos escritores que siguen publicando sobre la violencia política y otros que planean series de novelas sobre este tema.

Mark R. Cox
El cuento peruano en los años de la violencia, selección y prólogo de Mark R. Cox, Editorial San Marcos, Lima, 2000, 196 pp.
1 Kristal, Efraín. "Del indigenismo a la narrativa urbana en el Perú". Revista de crítica literaria latinoamericana 14.27 (1988): 57-74.
2 «La violencia política y la narrativa peruana andina: 1986-1996». Sieteculebras 10 (1997): 24-27.