miércoles, 23 de junio de 2010

Alder Yauricasa Verástegui

TRAVESURAS

En la mañana del lunes, Pitín cogió su mochila y se encaminó a su escuela. Al llegar a la formación, la Directora del plantel invitó a todos los alumnos a participar en la exposición de inventos que se realizaría el miércoles.
Linch, su amigo de carpeta, le contó que tenía un descubrimiento asombroso, que su sueño se lo había revelado el sábado por la noche. Y de hecho sería uno de los mejores trabajos que podrían realizar. Planearon hormigosamente ambos cómo comprobarlo y exponerlo. Pero cayeron aletargados en el problema de quién sería la modelo que se sometería a hacerlo.
"Pitín es un sabio" se decía Linch, "él sabrá cómo comprobar mi gran descubrimiento. Es muy bueno y apareceré en los diarios y en la T.V. Tendré muchas entrevistas junto a Pitín y lo que es mejor, tendremos dinero para comprarnos chocolates de a montón y jugaré pin bol todas las tardes después de la escuela. Así como papá y mamá estarán orgullosos de mí"
En efecto, Pitín, a la hora del recreo había cavilado, con la astucia que lo caracterizaba, todo; y estaba sumamente interesado en el proyecto de Linch.
Luego, juntos observaron a todas las niñas con los ojos de un jurado calificador de casting, o de directores de películas y nadie reunía las condiciones necesarias y de pronto vieron a la profesora de inglés. Un prototipo escultural que mostraba unos muslos discretamente cubiertos por una minifalda roja de corte clásico, y blusa negra de corte inglés escotado, y si se trata de comparar era la misma modelo del programa de las seis y treinta de la T.V., Katy C.
Pitín dijo: "Ella es la indicada" se miraron y Linch: "Sí. Ella reúne todas las cualidades que requiere nuestro experimento. Pero... ¿Cómo la convenceremos para que participe en nuestra causa?" Pitín, "le invitaremos a cenar a tu casa." Linch, "no..., a mi casa no. Porque mis papás están en la sala toda la noche viendo la T.V., los noticieros y la novelas..." Pitín, "¡Hmm! en mi casa tampoco se puede..."
Entre el desconcierto aletargado, a Pitín se le prendió el foquito, como la luz de sus triunfos. "Mira Linch, qué tal si en la hora de presentar el descubrimiento, solicitamos una voluntaria y como a la profesora de inglés le gusta participar en esas cosas no habrá problema, pues en el acto de magia que hicimos en el día del maestro, ella se ofreció a participar, ¿lo recuerdas...?" Linch, "Sí. Es cierto. Y la verdad es que eres un genio” Pitín “entonces recolectemos los materiales."
Emocionados, fueron a sus casas y Pitín cogió una sábana, un cordel y dos naranjas. Por su parte, Linch sacó un colchón de media plaza de espuma y cables de electricidad con dos bombillas. Luego un colgador de forma anatómica con características de mangos, en forma de barra cilíndrica alargada. Propio de su mamá, pues era un regalo que su papá le había hecho en su aniversario de bodas.
El martes, acordaron los últimos por menores y su profesor de ciencia y tecnología recordó a todos los que querían participar, inscribirse en la exposición.
Cavilosamente Pitín inscribió el trabajo con el título, "Creación del Hombre según la ciencia" Fundamentando su trabajo con las preguntas de los libros de filosofía y religión ¿Cómo apareció el hombre? ¿De dónde proviene el hombre? y negando la ridícula evolución del Homo Sapiens. Todos al escuchar el asombroso fundamento categórico de Pitín estaban ansiosos de conocer qué es lo que habían descubierto; pero Pitín y Linch no dieron detalle alguno. Sólo el principio fundamental. Ya que era un descubrimiento asombroso que sólo ellos tenían el mérito de demostrar una sola vez, y ésa vez sería en la exposición. Además no se entendería explicando, sino viendo.
Llegado el miércoles, todos los profesores, le comunicaron a Pitín y a Linch que tendrían buenas notas, si es que su trabajo tenía el mérito que ellos afirmaban con vehemencia. "Que era buena". En singular ocasión había reporteros de la T.V., la radio y el semanario local, los cuales habían sido invitados por la directora. Asombrosamente, ellos no tenían asesor y aún más, eso enfatizaba la curiosidad de todos.
Llegado el momento, armaron una cabina especial con dos mesas y una silla al centro. Una luz incandescente transmitía algo misterioso, donde dos sombras minúsculas humanas trabajaban arduamente viendo los por menores y detalles de un lado para otro.
La comisión calificadora, con miradas criticonas y sesudas personalidades, se presentó: Linch, habiendo aprendido de memoria las instrucciones preparadas por Pitín, hizo su presentación y solicitó una voluntaria; y al unísono la directora excitada por la curiosidad se ofreció, empujando a la profesora de inglés, quien se había quedado con la mano al aire. Se apoderó el nerviosismo de ambos cuerpecillos convirtiéndolos en gelatinas inseguras, y sin recato alguno prosiguieron, tomando el valor de los tigres.
La directora, entró en la cabina misteriosa, iluminada por dos focos; apareció entonces una sombra obesa, como una foca de circo, no era la idea pero prosiguieron. Entretanto, Linch explicaba citando a diversos estudiosos, hasta que hizo una conclusión contundente "Dios no existió para crear al hombre" Luego, dio instrucciones a la directora que se pusiese en noventa grados, apoyándose en la silla que estaba dentro de la cabina, pero antes tenía que sacarse el saco y la blusa. Interesada la directora sin tener la menor idea obedeció. Fue entonces cuando Linch dijo: "Señores, están ustedes a punto de ver el alucinante descubrimiento de dos grandes estudiosos." Luego, un montículo se movió dentro de la cabina, nerviosamente, el cual se le acercaba a la directora y todos empezaron a soltar risillas murmurantes.
La directora curiosa e insegura, intentó ver lo que estaba tras de ella y era una manito nerviosa cogiendo de un extremo un colgador anatómico con dos naranjas en medio que se introducía entre sus piernas. Todo en cuestión de segundos, en un parpadeo de querer auxiliarse, gritó. Y el niño de segundo grado, Linch: "Así se creó al hombre.", concluyó emocionado.
Extraído del libro de cuentos inédito "Cuando el río habla" de Alder W. Yauricasa Verástegui

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